Un joven escribía un cuento, pero el maullido de un gato lo empezó a distraer. Intento callarlo, pero fue inútil. En la desesperación le lanzó el pisapapeles que su abuelo le había regalado y así consiguió callarlo.
Al día siguiente, fue a la casa de su vecina para buscar el pisapapeles. La señora lo dejo entrar y lo ayudo. Pero no lograron encontrarlo.
Después de 5 años, todos los domingos descansaba y se iba a comprar antigüedades, uno de esos días entra aun a tienda, mientras observaba las reliquias se queda petrificado al ver su pisapapeles y le pregunto al vendedor ¿señor que hace esto aquí? Y él le contesto: Usted lo boto.
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