martes, 26 de abril de 2011

El Quijote





En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelo y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres parte de su hacienda. El resto de ella concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mismo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino.

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no hace mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, torso flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelo y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún torpe de añadidura los domingos, consumían las tres parte de su hacienda. El resto de ella concluían vestidura de telas (capa negra)pies velludos para las fiestas, con sus pantuflos de lo mismo, y los días de entresemana se honraba con su paños de lo más fino. No existia agua en su casa pero si habias serca un rio donde se bañaba cuando se acordaba, con el reflejo se arregraba pero aun asi no se quedaba contento.



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